El Aleph de Argelia Argelia Rebollo Acrílico sobre lino, 61 × 91 cm Mapa del país de la memoria: territorio perdido
Argelia Rebollo
Acrílico sobre lino, 23 × 30 cmEl encuentro de las dos Argelias
Acrílico sobre lino, 61 × 76 cmHacerme comprensible para los demás me hace sentir un vacío interior
Aluminio repujado, 79 × 62 cm (apilado)A José Emilio Pacheco, quien ha expresado todo aquello que desearía comunicar
Argelia Rebollo
Acrílico sobre lino, 46 × 61 cmConfrontación
Aluminio repujado, 60 × 50 cmTú y yo
Argelia Rebollo
Acrílico sobre lino, 25 × 51 cm
Monumento a la mujer de las dos almas
Bajorrelieve en piedra cantera, 91 × 91 cmEs imposible regresar al país de la memoria
Máquina de escribir, microcontroladores, mesa personalizada y pedestal revestido con loseta, 104 × 98 × 81 cmLa batalla interna
Aluminio repjujado, 53 × 45 cmMonumento al lugar donde no existo
Bajorrelieve en piedra cantera, 91 × 91 cmColección de objetos personales de Argelia
Impresiones de gelatina de plata y objetos encontrados intervenidos Dimensiones variablesColección de objetos personales de Argelia
Impresiones de gelatina de plata y objetos encontrados intervenidos, dimensiones variablesColección de objetos personales de Argelia
Impresiones de gelatina de plata y objetos encontrados intervenidos, dimensiones variablesColección de objetos personales de Argelia
Impresiones de gelatina de plata y objetos encontrados intervenidos, dimensiones variablesColección de objetos personales de Argelia
Impresiones de gelatina de plata y objetos encontrados intervenidos, dimensiones variablesColección de objetos personales de Argelia
Impresiones de gelatina de plata y objetos encontrados intervenidos, dimensiones variablesColección de objetos personales de Argelia
Impresiones de gelatina de plata y objetos encontrados intervenidos, dimensiones variables En el país de la memoria
presentación en dúo con Argelia Rebollo 28 de octubre ➽ 16 de diciembre de 2023 Pt.2 Gallery Oakland, CA
Hay una voz desterrada que persiste en mis sueños.
Hay algo que quiere hacer nacer mis modos no nacidos.
Los trozos ignorados de mi ser silencioso -Vicente Huidobro
Cuánta seducción nos provoca lo oculto, lo que no puede captarse plenamente, lo que solo se presiente o se advierte por medio de pistas, el misterio inabarcable de lo no revelado. Nos adentramos ahora en un territorio de sombras. Liz Hernández nos recibe en un país donde la memoria es tan especulativa como la ficción, donde es más interesante sospechar que verificar. Un país de arenas movedizas donde una persona puede ser varias, en constante interacción, conflicto y reconciliación. Un lugar fecundo para la imaginación y el riesgo. Lo identitario, en un país así, se vuelve borroso. Se juega a la multiplicación de lo individual, al intercambio de máscaras y al disfraz del nombre.
Desterradas de nuestra personalidad firme, ¿qué presencias nos habitan en secreto y qué reflejos proyectan cuando nos miramos al espejo? ¿Son ancestras o futuras interlocutoras? ¿Podemos inventar un idioma común con esas habitantes o debemos silenciarlas? Quizá podríamos, como hace Liz Hernández, colaborar con ellas, ser hospitalarias, entablar relaciones de familiaridad y extrañamiento, y labrar sus cuerpos dentro nuestro, como monumentos íntimos.
¿Quién mueve las manos que teclean estas letras?
Ventrílocuo, en latín, significa “el que habla con el vientre”. Se trata de personas que saben hacer voces y sonidos de forma tan discreta, que aparentan ser emitidos por otro ser, normalmente un muñeco o títere. Cuando un ventrílocuo se presenta ante una audiencia, es capaz de minimizar los gestos de su boca para que el público no pueda percibirlos a distancia. Pienso en Liz Hernández como una ventrílocua que atraviesa fronteras temporales y tiene el don de modificar la voz para desarrollar un timbre diferente al propio, casi sin mover los labios. Liz produce una especie de “habla invisible”, y proyecta una voz que le pertenece tanto a ella como a su tía abuela, Argelia Rebollo. ¿O se tratará de un sonido nacido de la relación entre ambas que no puede pertenecer a nadie?
Gracias a la salida del yo y a la invención de otras, es posible proponer horizontes alternativos que nos liberen del personaje que se nos impone al llegar al mundo. En el experimento luminoso que es esta exhibición, Liz Hernández hace hablar a esos modos no nacidos a los que se refiere Vicente Huidobro, esos trozos ignorados que nos habitan y que están esperando para escaparse de nuestro vientre.