Culpa Pintura vinílica y arcilla sobre lienzo, 152 × 107 cm Pureza Pintura vinílica y arcilla sobre lienzo, 102 × 81 cm Devoción Pintura vinílica y arcilla sobre lienzo, 152 × 107 cm Autoridad Pintura vinílica y arcilla sobre lienzo, 102 × 81 cm Ritual del día Cerámica de alta temperatura y dijes de peltre, 30 × 30 × 25 cmPuente #1 - #7 Cerámica de alta temperatura, espejos y dijes de peltre, dimensiones variables Mis símbolos sagrados Aluminio repujado sobre panel de madera, 83 × 83 cm Los símbolos sagrados de mi Abuela Aluminio repujado sobre panel de madera, 83 × 83 cm Convertirme en el universo Ceramica de alta temperatura, 30 × 30 × 25 cm (L) Rituales del Templo
(R) Los Siete Escalones
Aluminio repujado, 36 × 30 cm (L) Energía de Sanación (R) Las ánimas
Aluminio repujado, 36 × 30 cmReclamación Pintura vinílica y arcilla sobre lienzo, 102 × 81 cm Trenzando milagros
Cerámica de alta temperatura y dijes de peltre; 30 × 5 cm Luz y progreso en tu camino Espejos acrílicos grabado, 103 × 77 cm
Talismán
14 de noviembre ➽ 4 de diciembre de 2020 Pt.2 Gallery
Oakland, CA
Marcus Garvey escribió que "un pueblo sin conocimiento de su historia pasada, su origen y su cultura es como un árbol sin raíces." La nueva obra de Hernández posee una cualidad archivística que parte de la importancia del arte como documento de los momentos de la historia. Las obras reunidas en Talismán exploran los sistemas de creencia que coexistieron en la infancia de Hernández en México: el de la Iglesia Católica y el de las visitas al templo del Espiritismo Trinitario Mariano. Así, no solo ofrecen una reflexión íntima de la artista, sino también una preservación esencial del conocimiento.
Tres retratos presiden la exposición: uno pintado sobre una tela cubierta de arcilla, y los otros dos en cerámica, cubiertos de medallones. Aunque estas obras autorreferenciales no son enteramente autorretratos, representan el espectro de experiencias de Hernández entre sus sistemas de creencia. En la pintura Culpa, decenas de velas ocultan la expresión abatida de la figura. Para Hernández, estas velas encendidas evocan la culpa ardiente que asocia con su rígida educación católica. Mientras la pintura reconoce la presión exterior, los bustos retratan distintas formas del deseo interior. Uno de ellos, representativo del lado católico de Hernández, está cubierto de milagros metálicos, esos amuletos que se depositan sobre las imágenes de los santos en las iglesias como acto de petición de deseos. El otro busto, que muestra el mismo rostro, está cubierto de flores. Estas flores aluden a la relación entre el mundo natural y el universo, ingobernable para los seres humanos. Los espiritistas sostienen que el cuerpo carece de importancia, pues no es más que un recipiente temporal del alma. Estas obras, entre las primeras de Hernández en hacer referencia a la figura humana, señalan la importancia del creyente —en cuerpo y en alma— como parte de un ritual.
Tanto en cerámica como en lienzo, estas últimas obras de Hernández marcan un desplazamiento estético respecto a sus pinturas acrílicas de colores vivos y superficies planas. Sus cerámicas se moldean sin esmalte, en un tono terroso de ocre, mientras que sobre el lienzo aplica pasta de modelar en capas que luego lija hasta desgastar.
Las cualidades atemporales que otorgan estas técnicas convierten las obras de Hernández en artefactos: versiones contemporáneas destinadas a preservar una historia preciada que corre el riesgo de perderse en las arenas del tiempo. Como dice la propia Hernández: "La idea de crear una manera de documentar esta forma de ver la vida ha sido fundamental para mí en estos momentos en que nuestra mortalidad se ha vuelto aún más frágil. Mi motivación más profunda es dejar constancia de la manera en que muchas de las mujeres de mi familia existieron entre estas dos religiones."
La exposición de Hernández llega en un momento de transición, uno en el que el desenlace deseado puede no coincidir con la realidad. En esos instantes en que los hilos del tiempo escapan a nuestro control, recurrimos a talismanes como los milagros para influir en nuestro destino o en el del mundo. Las figuras de Hernández, en cerámica y en lienzo, están cubiertas de talismanes.
Para los antiguos griegos, la palabra talisman significaba "completo un rito." Esta definición subraya la importancia del creyente por encima del objeto físico en sí dentro de un ritual. Cualquiera que sea su forma, el deseo o anhelo que representen, el sistema de creencias del que provengan, estos talismanes no son sino la manifestación física del alma.